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Él me miraba en la cuna cuando mis ojos cerraba;
él me cuidó día a día ante cualquier circunstancia;
él me llenó de ternura cuando tu ausencia brillaba;
me ayudó siempre a estudiar, y a disfrutar de mi infancia.
Él aplaudía mis logros, y con orgullo sonreía;
me llevó por un camino que conduce a la bondad;
velaba de mí todo el tiempo hasta que a casa volvía;
sufría mis sufrimientos; en él no había maldad.

Sus lágrimas mudas salían cuando triste me veía;
siempre adelante salía, ya que, siempre fue mi guía;
sus manos y pies cansados por el trabajo del día;
hoy, pasa su vida en blanco, y sigue sufriendo la mía.
Hoy agradezco su entrega, su tiempo y dedicación;
gracias a él me sostuve, siempre tuvo un gran valor;
a ti no te debo nada; hoy, lo grita mi razón,
pues tú me diste la sangre, pero él, me dio su amor.

Mÿçh꣣ë
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