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Hoy, te voy a llevar a dar un paseo por el mar,
mas no a ese mar que conoces y que nos lleva
entre sus olas, acariciándonos la piel y eleva
nuestros sentidos, sino a ese mar interno que
todos poseemos, y que nos lleva a la
plenitud de nuestra propia esencia.
Te invito a que juntos caminemos por esa senda
interior que nos lleva a conocernos a nosotros
mismos, a reconocer nuestros errores para poder
corregirlos y que nos hace ser mejores seres
humanos cada día; a fin de cuentas, ésa es la
verdadera razón de nuestra existencia.
Cierra tus ojos, mas no tus ojos palpables, sino
tus ojos espirituales, ésos que te llevan a
navegar lo más profundo de tu corazón; esos que
no permiten que tu buque naufrague; esos que te
mantienen a flote a pesar de tantas olas que se
nos vienen arriba a través de nuestra travesía
en ese gran viaje al que llamamos vida.
Intenta en tu mente, ser como las sirenas, no
importa si eres hombre o mujer, las sirenas en
realidad no poseen un sexo definido, son
simplemente criaturas marinas que forman parte
de una realidad existencial en nuestra parte
oculta del cerebro; esa que nos permite soñar,
imaginar, ser lo que no podemos ser en aquello
que llamamos realidad física y que no es otra
cosa que un simple pasar de una etapa a otra.
Sumérgete en este mar tan profundo donde guardas
tus momentos, tanto los buenos como los no tan
buenos, pues no hay momentos malos, sino
difíciles, y que frecuentemente son los que
permanecen dando vueltas como una tromba marina
en nuestro inmenso y misterioso mar. Busca tus
mejores momentos... trasládate en un gran viaje
sin tiempo a esas experiencias que han sido
maravillosas para ti y que han contribuido en
gran forma, a ser lo que eres actualmente.

No tengas prisa; la prisa sólo lleva al
cansancio, a la desesperación, a tronchar sueños
que viven y que no deben morir jamás, mas bien
deben transformarse en la medida en la que vamos
pasando por el oleaje. Si el oleaje es fuerte,
tus sueños tal vez mermen un poco o cambien un
poco por la tempestad, sin embargo, la esencia
de los mismos y su finalidad, deben permanecer
intactas.
Sonríe si lo deseas, recuerda todas esas
maldades o travesuras que hiciste y que en su
momento te hicieron reír a carcajadas; tal vez
cosas que le pasaron a tus amigos, a tu familia,
mientras compartían y que los hicieron unirse
más y sentirse en un momento que no hubieran
querido que terminara jamás.
Recuerda ese primer momento contigo mismo (a),
cuando comenzaste a explorar tu cuerpo y no
entendías las reacciones que éste te producía.
Cuando por primera vez fuiste a la escuela o
colegio, y el temor que sentías porque ibas a
enfrentarte a un mundo que no considerabas tuyo
y que, con el tiempo se convirtió en una gran
parte de ti.
Recuerda esos momentos en los que has compartido
con tus seres queridos; en esos logros que has
tenido a través de tu vida, ya sea que, hayas
vivido poco o mucho. Recuerda ese día especial
en el que te celebraron una fiesta, o en esa
ocasión especial en la que recibiste algún
regalo que ansiabas mucho.
Piensa en las primeras caricias que recibiste y
que diste, en las primeras miradas que derretían
tu ser por los nervios, en ese primer beso que
tanto te atemorizaba y que te hizo cosquillas en
el estómago; en los calambres que adormecieron
todo tu sistema porque los nervios te
traicionaban, y que sin embargo, te producían
tantas sensaciones tan intensas, que te llevaron
a desear quedarte en ese espacio interior.
Piensa en todos esos momentos que te llevaron a
alcanzar la máxima expresión de lo que puedes
sentir. Piensa en todo lo hermoso que has vivido
hasta ahora;¿ para qué recordar lo que te hizo
daño?, pues aunque fue necesario para enseñarte
el camino, son cosas que tuvieron su momento y
nada más...
Piensa en los detalles, en esos logros que
tuviste de niño(a), de adolescente, de adulto...
en las bendiciones que has recibido de Dios a lo
largo de tu viaje... ese viaje que lo ves como
si no tuviera un fin porque simplemente estás en
alta mar y tu destino final se ve muy lejano.
Mira ese horizonte... mientras más te acercas,
más lejos ves la orilla, pero más hermoso se ve
el paisaje. De paso, puedes explorar la belleza
que vive en ti, resaltar tus virtudes,
compartirlas con otros y tratar de mejorar tus
defectos, y para ello, debes comenzar por
aceptarlos.

Todos tenemos defectos, pero si los reconocemos
e intentamos superarlos, la vida nos regala una
segunda oportunidad. No permitas que tu barco se
hunda... debes luchar contra viento y marea;
recordando que este viaje ha sido un regalo
gratuito de la naturaleza, y que debes agradecer
a quien te lo obsequió que es quien te da las
instrucciones de cómo manejar la embarcación.
Ahora yo me marcho y estarás solo en la
continuidad de tu viaje, recuerda que yo también
tengo que navegar por otro rumbo... sin embargo,
te dejo parte de mi corazón por si en algún
momento sientes la necesidad de sentirte
acompañado en tu camino, sepas que mi alma te
acompaña y te acompañará siempre.
Sigue la ruta... si equivocas el rumbo, sólo
detente, mira la brújula, y toma la decisión que
tengas que tomar, pero siempre mirando con
optimismo, hacia tu destino final...
Mÿçh꣣ë
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