Es
tarde ya. El sol tan
majestuoso ha desaparecido
como todo un caballero. Se ha
desplazado lentamente
despidiéndose con toda
la gracia que de él emerge,
dejando un paisaje
maravilloso a nuestra vista.
Se ha ocultado ante la
belleza de la dama de la
noche: "la luna",
ésa que tantos suspiros
arranca de nuestros corazones;
ésa que resplandece sobre
algo tan misterioso,
tan tenebroso a veces, que
llamamos:
"oscuridad".
Oscuridad...ésa que da paso a
las pasiones desenfrenadas.
¡Qué esconde tantos secretos
en su gigantesco manto de
dudas!
¡Qué motiva a las almas a
dejarse sentir, a amarse...!
dando paso a un lenguaje tan
sencillo, como lo es el
silencio;
donde los seres se hablan
simplemente, con miradas
penetrantes
porque no hace falta nada
más, sólo un roce, sólo un
gesto...
Esa que siembra temores
alrededor de los que le
rodean;
que se ha hecho una parte
importante de la conciencia;
que acaricia dulcemente a la
noche para ayudarla en su
carga;
que vive rodeada de hermosos
luceros que aunque quisieran,
no podrían opacar "su
grandeza", "su
poder", "su todo..."
¡Hasta las nubes se rinden
ante ella! Se dispersan, se
alejan.
Sonríe espontáneamente ante
la danza sutil, delicada y
sin igual
de las fascinantes princesas
de la noche: "las
estrellas..."
Destella paz, tranquilidad,
armonía, dulzura, amor...
¡Profunda...hermosa...bendita
oscuridad...!
Hoy, cuando caiga la noche,
sólo observa, medita, piensa...
y te darás cuenta de que, la
oscuridad es el principio y
no el fin;
es luz y no tinieblas; es
simplicidad y no complejidad;
es quietud y no alboroto; es
sentir a plenitud...
Debes encontrar esa magia que
brota de sí, dejarte
envolver
y así serás tú, ese
hermoso lucero que la hará
resplandecer,
porque somos el reflejo de lo
que vemos en nosotros
mismos...
¡Comienza en tu interior; deja
que las sombras se apoderen
de ti
y sólo así verás la divina
luz que surge al final del
camino...!