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¡Allí se encontraba! Justo
en aquel lugar donde siempre se sentaba; en
un banquito solitario donde nadie le
molestaba y donde los rayos del
sol, directo a su cara,
llegaban.
 Su rostro como siempre, con una
palidez extrema; su figura demacrada; sus
piernas estaban tan delgadas que casi no se
diferenciaban de sus tiernos brazos que, apenas se sostenían sobre su
falda.
 Su mirada: triste, llorosa, agotada, perdida en el umbral del
amanecer, y sus ojos... sus ojos
brillaban con un resplandor especial, como pidiendo algo; como
encontrando nada.
 ¡Era una hermosa mañana...!
Los juguetones pajarillos
entonaban su hermosa melodía
como si se la dedicaran.
La brisa se hizo más fuerte,
mas no violenta,
acariciando su faz;
como quien roza de la vida,
la muerte...!
 Su cabello,
el poco que le quedaba,
volaba danzando al viento
como acariciando el alba.
Su sonrisa... esa hermosa sonrisa
que a todo alumbraba,
fue desapareciendo, sutilmente,
sabiendo lo que pasaba.
 ¡Era su momento...! Se enfrentaba cara
a cara con lo que unos meses antes su
doctor le aseguraba; dejando sus esperanzas de una vida
prolongada, en
un banquito pintado de dolor y de
nostalgia.
 Pero allí estaba...
dándole a la vida
su última mirada;
diciendo adiós a un destino
que en su libro ya no estaba,
pues aquella enfermedad
tristemente le acechaba.
¡Qué dura es la vida a veces...!
una persona tan sana,
en unos pocos meses
su último suspiro brindaba.
 Esas células cancerosas nunca
fueron invitadas, mas se metieron en su ser; arrancándole sus sueños, sus metas, su
juventud, el amor de su familia, sus
ilusiones, sus ansias. Entraron sin ser
llamadas, negándose a salir de ese cuerpo del que hicieron su
morada.
 ¡No existe un porqué...!
Esos visitantes inoportunos
su vida le arrebataban:
sin preguntar,
sin tocar a la puerta,
sin ver dentro de quién estaban.
Un ser humano increíble
que, siempre se dedicaba
a hacer el bien a su gente;
que todo de sí brindaba.
 Aquel banquito sería el testigo de
pensamientos que quedaron impregnados en su
interior; de utopías que se disolvían; de
dudas que no se aclaraban; de un fuerte dolor
físico que destrozaba aquel cuerpo que,
entre alaridos y sollozos su aflicción
soportaba.
 Fueron horas de agonía...
Sus minutos ya contados,
pero no se retiraba
de su banquito amado.
No quiso que nadie viera
su sufrimiento terminado,
y se sumergió en un gran sueño...
así sus ojos fue cerrando
y entregando su último soplo,
a quien tanto le había dado.
Mÿçhê££ë ©Derechos
Reservados
 Dedicado a todas las personas víctimas
del cáncer. Seres valientes que luchan
por salir adelante, brindando todo de sí; poniendo
a Dios por delante, pero de forma especial, a
una persona que admiré mucho y seguiré
admirando, la cual fue víctima de esta terrible
enfermedad. Un ser humano increíble. De esos
seres que, sabemos que están aquí con un
propósito; que dejó un hijo pequeño y un esposo
maravilloso, a los cuáles su vida entregó con
amor; ese mismo amor que le
brindaba a todos los que a su lado
pasaban. Sé, que algún día, nos
encontraremos en el camino...
Con todo mi
cariño,
Mychelle

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